El 22 de marzo de 1873 se proclamó la abolición de la esclavitud en Puerto Rico. El pueblo celebró la noticia a los acordes de La Borinqueña. Dos décadas más tarde, en 1892, Antonio Vélez Alvarado aseguraba que La Borinqueña había quedado inmortalizada con la declaración de la abolición. De ser un canto revolucionario interpretado “en la intimidad a despecho de los intransigentes colonizadores”, La Borinqueña salió apasionadamente a las calles y se convirtió en el Himno Borincano.
El autor cuenta que cuando se proclamó la emancipación en Puerto Rico, un patriota fustigó en su discurso a quienes habían instituido la el sistema esclavista. De repente, “todas las orquestas allí reunidas inundaron los aires con los acordes divinos de La Borinqueña”.
La escena descrita por Vélez Alvarado en el periódico Patria (Nueva York) coincide con lo ocurrido en Ponce en marzo de 1873. Tras un emotivo discurso de Román Baldorioty de Castro, la muchedumbre salió en procesión espontánea para celebrar la abolición de la esclavitud. En San Juan pasó algo similar. El gobernador Primo de Rivera se dirigió al público desde el balcón de la Intendencia. Luego se escuchó “un viva estentóreo a Puerto Rico libre, y la música con el coro del pueblo rompió a tocar La Borinqueña”.*
*Este artículo está basado en un fragmento del libro Cantando La Borinqueña de Mayi Marrero (Editorial Patria, 2024).
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La historia completa de La Borinqueña, junto a más de 25 versiones diferentes de su letra, la encuentras en el libro Cantando La Borinqueña de Mayi Marrero. El libro investiga diversas teorías del origen de La Borinqueña y sus interpretaciones como serenata, baile e himno revolucionario. Se describen detalladamente los diferentes usos y significados que el pueblo puertorriqueño le ha dado a La Borinqueña durante más de 150 años, así como el proceso legislativo que convirtió a esta melodía en el Himno del Estado Libre Asociado de Puerto Rico. Más detalles en este enlace.



