El Reformismo Ilustrado y su impacto en Las Américas

«Luego de estas experiencias, se haría muy difícil evitar que los criollos aspiraran a obtener mayor poder y control de sus asuntos internos.»

El Reformismo Ilustrado, llamado también Despotismo Ilustrado, comprende la utilización del poder de la monarquía para poner en práctica las ideas sociales y políticas de la Ilustración. Se intenta identificar al Rey con el pueblo y crear una revolución desde arriba, afín al pensamiento: “gobierno del pueblo, pero sin el pueblo”.[1] Para comprender el Reformismo Ilustrado debemos conocer algunas de las ideas desarrolladas en la Ilustración que fueron implantándose poco a poco en diversas naciones.

Podría decirse que Ilustración comprende el siglo 18, pero estudiosos también la ubican entre los años 1685 a 1785.[2] Uno de los rasgos fundamentales de este periodo es el dominio de los principios del naturalismo y el racionalismo, y el fin de la metafísica clásica. La idea verdadera, según Descartes, no debía su verdad sino a la veracidad divina que la había puesto en nosotros. John Locke establece que las ideas no pueden venirnos sino de los sentidos. Su liberalismo influyó no solo el pensamiento político, sino también el económico.[3] Sus ideas políticas fueron difundidas por Voltaire en sus Cartas inglesas.[4]

El liberalismo se presenta también en Adam Smith, cuando apoya la no intervención del Estado y expone que la “mano invisible” es la que logra alcanzar el balance económico. François Quesnay, médico y economista francés, formuló la idea que sostiene que el no intervencionismo económico y la libre competencia definen el orden económico divino y que toda riqueza, repartida a través del cuerpo social, proviene en último término de la agricultura.[5]

En El espíritu de las leyes, Montesquieu extendió la idea del equilibrio de poderes; mientras que en El contrato social, Jean-Jacques Rosseau defendió que la única sociedad política aceptable para el hombre es la que descansa en el consentimiento general.[6] Denis Diderot dirigió la Enciclopedia, obra de 17 volúmenes culminada en 1765, que contó con más de cien colaboradores, entre ellos: Voltaire, Quesnay y Rousseau. La Enciclopedia representó un duro ataque a la Iglesia y al Antiguo Régimen, y constituyó un manifiesto de los intelectuales de vanguardia que produjo cambios en la forma de pensar y de enseñar.[7] Por tal razón, al siglo 18 se le denomina el siglo de la historia, de preguntarse por los orígenes, y el siglo de los educadores, pues no se puede aspirar al progreso sin educación.[8]

La Ilustración en Las Américas

El pensamiento liberal de la Ilustración y su base en los derechos naturales que salvaguardan al hombre del poder del tirano influyeron grandemente en la Declaración de Independencia de los Estados Unidos. La separación de los poderes legislativo, ejecutivo y judicial garantizaría la justicia y respeto a la ley natural. La Revolución Francesa, precedida por años de crisis social, institucional y financiera, también es resultado de la corriente liberal de la Ilustración. De igual forma, la Revolución Haitiana tuvo su germen en la crisis financiera de la monarquía francesa, su incapacidad para resolverla y la convocatoria de los Estados Generales. En Haití, los grandes propietarios y comerciantes tomaron la iniciativa del movimiento revolucionario en búsqueda de satisfacer sus aspiraciones autonomistas.[9] De la burguesía colonial, la revolución pasó a manos de la clase media mulata y, finalmente, de los negros esclavos, dispuestos a luchar por su libertad y a pedir la parte correspondiente de la victoria ganada en Francia por la burguesía revolucionaria contra la monarquía feudal.[10] Haití se convirtió en el segundo estado independiente de las Américas y en el primero totalmente libre.[11]

Estos elementos cambiaron el pensamiento tradicional y absolutista de la monarquía española. Se realizaron una serie de reformas afines al pensamiento de la Ilustración, pero controladas por la Corona. La reforma a la educación promovió la creación de escuelas de artes y oficios, basadas en disciplinas científicas y de investigación. El pensamiento de Quesnay se vio reflejado en la importancia que le da España a la agricultura como símbolo de riqueza y prosperidad sólida. Para la década de 1770, se realiza una reforma agraria, se firma un Tratado de Libre Comercio de Granos (1765) y se la liberaliza el comercio con América (1778).

El establecimiento de las “Sociedades Económicas Amigos del País” promovió no solo el desarrollo económico de los propietarios criollos, sino también su afán por influir políticamente tanto en Madrid como en la colonia. Las actividades desarrolladas por estas sociedades abarcaban las ciencias y las artes, el comercio, la industria, la estética, la agricultura y la educación. En Cuba específicamente, las actividades fueron más pragmáticas que teóricas: promovieron la pavimentación de carreteras, la utilización del barco de vapor y el ferrocarril, y la modificación de la estructura de la propiedad de la tierra, creando un mercado de bienes raíces que llevó a la fundación de nuevas ciudades.[12]

El Reformismo Ilustrado transformó en gran medida el pensamiento en Hispanoamérica. Luego de estas experiencias, se haría muy difícil evitar que los criollos aspiraran a obtener mayor poder y control de sus asuntos internos. El siglo 19 fue testigo de las luchas que culminaron en grandes cambios sociales, económicos y políticos en Puerto Rico, el Caribe y Las Américas.

Bibliografía

Belaval, Ivon. Historia de la filosofía. México: Siglo XXI Editores, 1982, Vol. VI.

Bergeron, Louis. El mundo y su historia. Barcelona: Argos, 1970, Vol. VII.

Cordero Michel, Emilio. La Revolución Haitiana y Santo Domingo. República Dominicana: Taller, 1974.

Joancomartí, Ricardo y Ramón Vila. Diccionario de biografías. Barcelona: Océano, 2000.

Knight, Franklin W. “El Caribe en la época de la Ilustración, 1788-1837”, trad. Alicia Verdú Martínez, en José A. Piqueras, ed. Las Antillas en la era de las luces y la revolución. Madrid: Siglo XXI Editores, 2005, 3-26.

Notas

[1] Louis Bergeron, El mundo y su historia (Barcelona: Argos, 1970), Vol. VII, 127.

[2] Ivon Belaval, Historia de la filosofía (México: Siglo XXI Editores, 1982), Vol. VI, 195.

[3] Ibíd., 196.

[4] Ricardo Joancomartí y Ramón Vila, Diccionario de biografías (Barcelona, Océano, 2000), 995.

[5] Ibíd, 799-800.

[6] Ibíd, 686 y 843.

[7] Belaval, Óp. Cit., 202.

[8] Ibíd., 201-202.

[9] Emilio Cordero Michel, La Revolución Haitiana y Santo Domingo, segunda edición (República Dominicana: Taller, 1974), 33.

[10] Ibíd., 37.

[11] Franklin W. Knight, “El Caribe en la época de la Ilustración, 1788-1837”, trad. Alicia Verdú Martínez, en José A. Piqueras, ed., Las Antillas en la era de las luces y la revolución, (Madrid: Siglo XXI Editores, 2005), 5.

[12] Ibíd., 20.